La ciencia afirma que los cuerpos tienen aura

Ese “aura viviente” se llama exposoma humano y no tiene nada que ver con lo esotérico.

En términos básicos puede decirse que el aura es una energía luminosa, que rodea en forma de óvalo a todos los seres vivos y que es imperceptible a plena vista. Es fácil pensar que la idea de un “aura” que nos rodea pertenece estrictamente al plano de lo esotérico. Por fuera de cualquier punto de vista esotérico, la ciencia sí ha demostrado la existencia de un “aura viviente” individual. Además tiene un nombre: se llama exposoma humano y no tiene nada que ver con las energías espirituales.

El exposoma constituye el centro de un estudio que durante cinco años desarrolló un grupo de genetistas de la Universidad de Stanford (California, Estados Unidos). El término describe esa nube personal de microorganismos, elementos químicos y otros compuestos que en efecto van con nosotros a dondequiera que estemos.

La investigación, publicada en la revista científica Cell a mediados de octubre, demostró que es posible medir “a nivel individual” los elementos del ambiente a los que está expuesta cada persona.

Michael Snyder, de quien fue la idea original del estudio, explicó que lo más relevante “es que estas mediciones pueden hacer una gran diferencia en la manera de estudiar y prevenir padecimientos como el asma y las alergias”. Según los propios investigadores, esto implica un importante aporte al campo de la salud.

Para ese experimento, los investigadores fabricaron un pequeño dispositivo para monitorear el aire y lo ataron al brazo de 15 voluntarios, quienes fueron expuestos a diferentes locaciones mientras el dispositivo absorbía muestras tanto de sus órbitas personales como del ambiente que los rodeaba.

Según publicó la cadena BBC, los elementos recolectados por el dispositivo (bacterias, hongos, virus, etcétera) arrojaron secuencias de ADN y ARN que conformaron un perfil químico único para cada voluntario.

El estudio comprendió cientos de miles de lecturas y los investigadores lograron acumular una gran cantidad de datos sobre los componentes de su propio exposoma. El propio Snyder, que usó uno de los dispositivos durante el estudio, encontró que en el suyo estaban presentes compuestos como el polen de eucalipto, que, presumiblemente, es la causa de una alergia que padeció en el pasado.

Lo que se sabía del exposoma humano, antes de esta investigación, es que ciertamente los individuos están expuestos a una serie de elementos presentes en el ambiente. Sin embargo, las mediciones en este sentido sólo se habían desarrollado a gran escala y no a nivel individual. “Por eso nos centramos principalmente en las partículas PM2.5 presentes en la atmósfera, que son resultado de la contaminación y acaban siendo absorbidas hacia los pulmones”, explicó Chao Jiang, otro de los autores del estudio.

Hasta este momento el exposoma también sólo se había analizado en sitios fijos de la ciudad en los que un dispositivo recolectaba una muestra de aire. “Ahora podemos seguir los elementos a los que está expuesta cualquier persona, dondequiera que esté”, aseguró Snyder.

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